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Friday, March 20, 2015 (read 539 times)
 

Call me Óscar - With an Accent on the O

by Lauris

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The American cinema industry is experiencing times of change which Sean Penn reflected to a certain extent, during the Academy Awards Ceremony on 22nd February, when he said something along the lines of “Who gave this guy a green card?” referring to Alejandro González Iñárritu when he was about to award him the Academy Award for Best Picture, which he directed and co-wrote.

It is revealing that in the last two editions of the Óscares (this is how it is spelt in Spanish, with an accent and plural es as it is meant to be), two Mexicans have won the Best Director Oscars: Iñárritu this year, for Birdman and Alfonso Cuarón last year for Gravity.

The momentum of Hollywood´s Hispanic sector, notably attributed to Mexicans, who represent the highest percentage of Hispanic immigrants in the United States, is contributing to the revitalization of this seventh art with its creativity, spontaneity and ways of doing things.

 From the now legendary figures like the magnificent Anthony Quinn, winner of two Best Supporting Actor Oscars, to the marvelous Kenyan-Mexican Lupita Nyong'o, who we admired in the film 12 years a Slave, for which, it must be said, she rightly earned, the Best Supporting Actress Oscar in 2013, the Made in USA cinema is becoming full of names and surnames which come from the south side of the Río Grande.

Who does not know Salma Hayek? Who has not been touched by the stories which are the brainchild of Guillermo del Toro? A celebrity who is a prime example of the arrival and subsequent integration of Mexicans into Foreign cinema is Robert Rodríguez ( born in Austin, Texas, of Mexican descent), who made a name for himself with a homemade film, made with an amateur camera and using his friends as actors but who possessed enough energy and star quality to open the doors to Hollywood. That film is El Mariachi, which has become a cult film, together with the two other titles which form the trilogy: Desperado and Once upon a time in Mexico. Now he is one of the favorite directors of someone as respected and different as Quentin Tarantino, who he collaborated with.

The strength and momentum of Hispanic/Mexican cinema in the United States is undeniable. According to the forecasts, in several year Spanish will be the most spoken language in the United States, and that is something to be aware of.

The world of cinema, music, art and television offers us more and more Hispanic names and surnames, and for this reason, it would not seem strange, giving the issue a further twist, if the Hollywood Oscars had to change their name, and came to be known, as we have suggested above, as the Óscares, with an accent.

Llámame Óscar, con acento en la O.

La industria del cine estadounidense está viviendo unos momentos de cambio que de alguna manera reflejó Sean Penn cuando, en la ceremonia de entrega de los premios de la Academia el 22 de febrero pasado, dijo algo así como "¿Quién le ha dado la tarjeta verde a este tipo?" refiriéndose a Alejandro González Iñárritu cuando iba a entregarle el galardón la mejor película, de la que es director y coguionista.

Resulta revelador que en las dos últimas ediciones de los Óscares (así, en castellano, con acento y plural en -es, como dios manda), los galardonados con la estatuilla dorada al mejor director hayan sido dos mexicanos: Iñárritu este año, por Birdman y Alfonso Cuarón el pasado, por Gravity.

El empuje del elemento hispano en Hollywood, en especial de los mexicanos -que son el mayor porcentaje de los inmigrante hispanos en los EE.UU.- está contribuyendo a una revitalización del séptimo arte con su creatividad, frescura y maneras de hacer.

Desde figuras ya míticas como el magnífico Anthony Quinn, ganador de dos premios al mejor actor de reparto en los cincuenta, a la maravillosa keniana-mexicana Lupita Nyong'o, a la que admiramos en 12 años de esclavitud, que la hizo merecedora -justa merecedora, hay que decir- de la estatuilla a la mejor actriz de reparto en 2013, el cine Made in USA se está llenando de nombres y apellidos que vienen del lado sur de Río Grande.

¿Quién no conoce a Salma Hayek? ¿Quién no se ha sentido tocado por las historias salidas de la mente creativa de Guillermo del Toro? Un personaje que puede resultar ejemplificador de esta llegada y posterior integración de lo mexicano en el cine gringo puede ser Robert Rodríguez (nacido en Austin, Texas, pero de ascendencia mexicana), que se dio a conocer con una película casera, hecha con una cámara de aficionado y usando a sus amigos como actores, pero que tenía una energía y calidad que le abrieron las puertas hollywoodienses. Esa película es El Mariachi, que ya se ha convertido en un filme de culto, junto a los otros dos títulos que forman trilogía: Desperado y Érase una vez en México (Once upon a time in Mexico). Ahora es uno de los directores favoritos de alguien tan respetado y peculiar como Quentin Tarantino, con el que ha colaborado.

La pujanza y el empuje de lo hispano-mexicano en los EE.UU. es innegable. Según las prospectivas, dentro de unos años el español será la lengua más hablada en los EE.UU., y eso es algo que hay que tener en cuenta.

El mundo del cine, de la música, del arte, de la televisión nos ofrece cada vez más nombres y apellidos hispanos y, por eso, no sería de extrañar -dándole a la cuestión una vuelta de tuerca extra- que los Oscars de Hollywood se tengan que cambiar el nombre y, como dijimos arriba, lleguen a ser los Óscares, con acento.


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